Se trata de crear conciencia sobre sucesos que están sobre el tapete, y representan riesgos con enorme carga de peligrosidad, y que manipulados y proyectados a partir de intereses mezquinos y prepotentes pueden confundir el entendimiento de no pocas personas.
El pretexto para agredir a Teherán serÃa poner coto a sus planes para el uso pacÃfico de la energÃa atómica, lo cual supondrÃa alargar la vida útil de sus yacimientos de petróleo al acceder a una poderosa fuente de energÃa.
Sin embargo, en la trastienda se guardan celosamente las verdaderas causas de la hostilidad, cuyo propósito es evitar a toda costa la conversión de Irán en paÃs de mayor influencia, justo en el escenario geoestratégico donde Washington intenta aposentarse de manera firme con sus invasiones a Afganistán en Iraq.
Mientras, para el sionismo, liquidar a la Revolución Islámica supondrÃa eliminar al oponente que considera fuerte, no solo porque posea potentes fuerzas armadas, sino porque constituye referente de lucha y enfrentamiento radical al injerencismo y el belicismo con el que Tel Aviv se ha acostumbrado a actuar en todo el Medio Oriente frente a sus vecinos árabes.
De manera que el asunto radica esencialmente en sepultar un ejemplo y a la vez coartar al opositor firme y con desarrollo general, el cual va constituyendo sólido referente de resistencia en esta zona geográfica, vital para los intereses del imperio y su más estrecho aliado.
En los cálculos de los cÃrculos reaccionarios involucrados en la crisis parecerÃa que solo prima la visión de que el oponente es simple blanco a golpear sin mayores consecuencias.
Existe el muy cuestionable mandato del selecto y antidemocrático Consejo de Seguridad de la ONU para, en nombre del pretendido control a los programas pacÃficos de Irán en materia atómica, detener e inspeccionar los buques mercantes de esa nación, tarea delegada nada menos que a los Estados Unidos con el apoyo de Israel, paÃs que, paradójicamente, ha sido objeto de innumerables reclamos de Naciones Unidas, los cuales se ha dignado escuchar.
Teherán ha dicho que la materialización de un acto de esa naturaleza no pasará impune, y los agresores serán repelidos debidamente.
En consecuencia, en las manos de la Casa Blanca radica la alternativa de incendiar o no los polvorines. ValdrÃa la pena que Barack Obama reflexionara en torno a qué decisión poner en curso, porque sobre la cuerda no está solo la guerra local o el titulado "conflicto de baja intensidad". Las llamas esta vez podrÃan resultar definitivas y definitorias para el mundo.
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