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Diario Digital de Granma, Cuba.         "Año 54 de la Revolución"

Artesanas boyarribenses tejen los sueños de Vilma

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Las manos creadoras de Maira Sánchez Fonseca, Ángela Pompa Espinosa, Lázara Guevara Colón y otras 30 artesanas, tejen día a día los sueños de Vilma Espín Guillois, entre la madera y el guaniquiqui, en la fábrica de muebles Lidia Doce, enclavada en Bueycito, poblado del municipio de Buey Arriba.
Migdalia Oliva Machado, su directora, explicó a La Demajagua Digital: "En 1993 Vilma y la Federación de Mujeres Cubanas, en la suroriental provincia de Granma, decidieron fundar el taller aquí, por encontrarse en una zona montañosa, donde existe materia prima suficiente para producir diferentes artículos hogareños".
"Varias féminas de la localidad encontraron en este lugar un empleo honesto y atractivo donde poner en práctica sus habilidades artesanales", agregó Oliva Machado.
La Sierra Maestra suministra la fibra natural extraída de la planta de guaniquiqui, que, por su flexibilidad, permite elaborar de forma manual juegos de muebles para sala y comedor, sillas, cestas, entre otros diseños, muy demandados por la población, lo cual demuestra que han llevado adelante su iniciativa con mucho interés.

 

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RECUERDOS
"A Vilma no le dijimos adiós, para nosotras es como si estuviera viva, porque ella siempre estaba al tanto de todo lo que necesitábamos y, sobre todo, era muy familiar", así lo reconoce Ángela Pompa Espinosa, una artesana muy jovial.
Por su parte, Lázara Guevara Colón, excelente tejedora, recuerda a la Heroína de la clandestinidad como aquella persona cariñosa, amable, maravillosa, que les aportaba ideas, iniciativas, preocupada por las condiciones de vida de todas las obreras.
"Gracias a Vilma hoy puedo contribuir con la economía de la casa, ayudar en la educación de mis hijos; me considero distinta y más preparada".
Maira Sánchez, también tejedora, comentó: "De Vilma Espín puedo decirle mucho... si había una dirigente cercana a los trabajadores, esa era ella, cuando venía a la fábrica recorría todos los puestos, nos saludaba con cariño en la mirada, su figura trasmitía seguridad y fuerzas para seguir luchando, aunque a veces no tuviéramos los recursos".
Entre las innumerables anécdotas que pudieran contarse, Migdalia Oliva atesora en su corazón una en particular: "En su segunda visita al taller, Vilma supo que yo había dado a luz, entonces mandó a que buscaran a mi hijo, lo miró fijamente y me dijo que le recordaba a sus nietos, eso es algo que jamás podré olvidar".
"Por eso y otras cualidades que percibí en ella, la considero una intachable compañera, amiga leal, revolucionaria cabal; como ella nadie defendió los derechos de las cubanas, constituye un paradigma, un símbolo", apuntó Oliva Machado.
A cinco años de su fallecimiento, el 18 de junio de 2007, Vilma Espín Guillois pervive en la memoria de esas mujeres, que un día encontraron en la fábrica de objetos de guaniquiqui, más que un puesto laboral, una gran familia donde el amor inunda todos los rincones.

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