No erraba José Martà cuando afirmaba que "la naturaleza inspira, cura, consuela, fortalece y prepara para la virtud al hombre. Y el hombre no se haya completo, ni se eleva a sà mismo, ni ve lo invisible, sino en su Ãntima relación con la naturaleza".
De manera que negar y divorciarse de ella es un acto abominable.
Debemos pensar en la naturaleza como una esposa suprema a la cual debemos respeto, consideración; con la cual contraemos deberes y obligaciones.
Se impone pensar en ella como la madre de nuestros hijos: amantÃsima y agraciada; como la abuela de nuestros nietos: fiel y protectora: como la tÃa de nuestros sobrinos: solidaria en las circunstancias, a veces complaciente y otras recta.
Pero es difÃcil mantener esta suerte de "consorcio nupcial", pues, como en la vida las ideas triunfalistas, los aires de grandeza, las posturas yoÃstas (personas que solo piensan en sÃ) y las Ãnfulas de poder incineran la pureza de toda entrega; asà también son calcinadas la naturaleza y sus bondades.
La Biblia, uno de los libros más leÃdos y dotados de sabidurÃa, refiere en 1 Timoteo 6:10 que "raÃz de todos los males es el amor al dinero (...)".
El versÃculo, se erige radiografÃa de las miserias humanas y sus imperfecciones.
Un ejemplo reciente lo tenemos en el desastre ambiental causado por el derrame de crudo a raÃz del hundimiento de una plataforma de la British Petroleum (BP) en el Golfo de México este año.
La página digital www.bionero.org, refiere que "aparentemente British Petroleum no podÃa pagar la válvula de seguridad de 500 mil dólares, aunque sus márgenes de ganancia para los primeros tres meses del 2010 fueron de 5,6 billones de dólares."
Seguidamente manifiesta que en 2009 BP cabildeó en Estados Unidos en contra de los mayores requerimientos de seguridad que le exigÃa el gobierno norteamericano.
Lo cierto es que este caño de 50 centÃmetros de diámetro, aunque ya está siendo cerrado, expulsó unos cinco mil barriles de hidrocarburo diarios desde el 22 de abril, fecha del suceso- según cálculos conservadores- y devoró ecosistemas y variedad de especies en peligro de extinción.
Tales vertimientos, recordemos, producen un impacto agudo por asfixia del sistema, limitan el intercambio de oxÃgeno y los organismos petroleados mueren por hipotermia, asfixia o ambos.
Dos conclusiones emergen de este ejemplo:
-el divorcio entre el hombre y la naturaleza es el más costoso del mundo.
-la enemiga de la naturaleza es la riqueza.
La naturaleza, recordemos, nos pasa la cuenta por nuestros errores, no olvida fácilmente nuestras fallas y es impecable en su castigo.
Lo sabio serÃa aplicar la fórmula martiana del amor triunfante: "Con todos, y para el bien de todos". No solo como letra muerta en imperfectas leyes, sino como solución urgente a problemas cada vez más graves.
"El único camino abierto a la prosperidad constante y fácil es el de conocer, cultivar y aprovechar los elementos inagotables e infatigables de la naturaleza", decÃa el apóstol, mas ello debe llevarse a cabo sin que implique boicotear el entorno.
Es preciso legislar y hacer cumplir esas leyes "matrimoniales" en todos los lugares, aunque eso signifique desafiar fuerzas superiores. Después de todo, compartiremos esta relación hasta que la muerte nos separe.
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