Cierta ocasión, Ernesto Guevara de la Serna (Che) dialogaba con niños y muchachos en acto de homenaje a José Martà el 28 de enero de 1960. En esa ocasión fustigó enérgicamente a los presentes porque al verlo clamaron jubilosos: ¡Viva el Che Guevara! Sin embargo, a ninguno se les ocurrió gritar ¡Viva José MartÃ! Y eso no estaba bien.
Y no estaba bien por varias razones: primeramente porque antes de que naciera Che y todos los que hoy lucharon y se entregaron a la causa libertadora y mucho antes de que ese impulso enardecedor se convirtiera en lenguaje común de los cubanos de su tiempo, Martà habÃa emergido en estas tierras, habÃa amado como nadie esta América sufrida y habÃa entregado su vida por cambiar la realidad de nuestra nación esclava.
Más aun porque Martà fue el mentor directo de nuestra revolución, "el hombre a cuya palabra habÃa que recurrir siempre para dar la interpretación justa de los fenómenos históricos que estaban viviendo y el hombre cuya palabra y cuyo ejemplo habÃa que recordar cada vez que se quisiera decir o hacer algo trascendente en esta Patria", argumentaba el Che en ese entonces.La sabidurÃa martiana supo abonar las montañas andinas, las sierras cubanas, las plazas venezolanas y trascender los muros de la opulenta Europa y penetrar en la consumista sociedad norteamericana.
Aun ha 115 años de su muerte (el 19 de mayo de 1895), sus palabras cobran vigencia e impregnan en las personas, porque fue además de cubano, universal y porque su primer máxima fue echar su suerte con los pobres de la tierra.
¿Cómo no respetar su voz? Honrarlo, honra. Pero hay muchas formas de honrar a MartÃ. Podemos ennoblecerlo desde nuestros modestos esfuerzos, convirtiendo en hecho todo cuanto pueda edificar nuestra sociedad.
Evidentemente no todos, ni mucho menos, y quizás ninguno, pueda ser Martà y nacer con ese nivel de comprensión y esa genialidad para encauzar acertadamente el camino de todo un continente o una nación; pero todos podemos tomar su ejemplo y tratar de seguir su paradigma de hombre justo, amigo de sus amigos. Por ahà podrÃamos empezar.
Tratar de revivirlo con nuestra acción y la conducta diaria no es fácil. En ocasiones deberemos negar nuestra naturaleza egoÃsta y desterrar ese yo consumista, interesado y aprovechador que muchas ocasiones pretende entronarse en nuestro diario actuar.
SerÃa como estudiar una nueva materia y nuestra graduación, serÃa el premio de un hombre más sano y humanista.
Las palabras de MartÃ, nunca han sido adoquines de museos. Su verso aun retumba y estremece a los enemigos, despierta del error, hace emerger puras las almas y dignifica al hombre sin que ello olvidar el lugar de dónde vino.
Muchos se habrán preguntado por qué su lenguaje y sus frases, a pesar de lo enrevesadas, han logrado resistir el paso del tiempo: sencillamente porque llevan en sà la sabidurÃa y el amor por la raza humana. Ello es solo una prueba de su perpetuidad.
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