Puntalón es la ciudad de los pargos en los tres ciclos correspondientes a la luna llena de los meses de abril, mayo y junio; después de estos períodos -cuando desova la especie- se marchan a su hábitat tradicional, la urbe queda deshabitada y los pescadores también optan por ir a otras latitudes.
Pero en estas etapas la actividad aquí es frenética. "No hay chance para descansar... candela to' el tiempo", confiesa Miguel Albertí Díaz, de la unidad ESCABO, de Cabo Cruz.
En la superficie se reúnen más de 50 embarcaciones -incluso de otras provincias- en un espacio relativamente reducido. Cada cual busca un sitio idóneo. Por el día un poco más hacia el sur de la zona -donde los fondos rocosos sirven de nido al pargo - y por la noche enfilan la proa al norte, para capturarlos en plena faena alimenticia.
En la parte sumergida del emporio la manifestación de estos peces asombra cada año al más curtido lobo de mar.
"Imagínate... aquí hay barcos que extraen hasta dos toneladas en una jornada. Eso es desde hace tanto tiempo que nadie sabe bien cuándo fue la primera vez o quién lo descubrió... ni los pescadores más viejos", asegura Reynaldo "Nano" Morales Peña, patrón del Ferro-216, de ESCAYO, Pilón.
Muchos quisieran llegar hasta Puntalón; pero muy pocos lo consiguen. Cuentan que las marejadas son indescriptibles. Casi siempre te sorprenden montañas con inmensas crestas que causan estragos; aunque en otras oportunidades -como ahora- alucinas frente a una extensa llanura pintada con divina acuarela de color verde-azul-macizo. De cualquier manera nadie se arriesga...
El lugar -destinado para hombres de oficio con embarcaciones de buen porte- está ubicado en el Mar Caribe, a unas 35 millas náuticas (cerca de 65 kilómetros) al oeste de la costa de Niquero; travesía que se realiza en unas cuatro horas de viaje.
Hasta aquí acude la flota para descargar lo que han acopiado, abastecerse de hielo y otras provisiones y evitar un recorrido que redundaría en gasto de combustible y pérdida de tiempo.
El momento también se aprovecha para conocer cómo le ha ido a cada quien, jaranear un poco o simplemente dormitar mientras esperan... Los pescadores suelen ser una gran familia y se regocijan o entristecen -según el caso- con las noticias que reciben.
Cuatro ferros se "pegan" a ambos lados de la Enviada; tres aguardan su turno. Los hombres, descalzos unos, con el torso desnudo otros o ambas cosas... y los minutos como único límite de sus preocupaciones, cargan de aquí para allá, debaten el precio de la tonelada o el descuento de última hora por mal eviscerado del pescado...
"Muchos creen que ganamos bastante pero no es así -comenta el marinero Julio Sánchez Curbelo-. Nos pagan según la especie; el pargo nos sale a mil 500 pesos la tonelada, eso hay que repartirlo entre los cinco de la tripulación y pagar los gastos de la embarcación, porque es como si la tuviéramos arrendada."
Según criterios este es uno de los mejores períodos para la economía personal, porque en otros la captura es tan exigua que a veces "nos tienen que pagar el salario básico, 315 pesos"; aunque reciben mensualmente un abono en moneda libremente convertible (CUC).
Por un instante dejamos de sentir el abrumador olor a mar, algo insospechado en estas circunstancias. Un exquisito aroma escapa de la cocina. Al rato aparece Miguel Miranda Ceruto, quien en su juventud lidió con el deporte de las bolas y los strikes, y con voz pretérita y corta, porque "no me gusta hablar mucho", invita al almuerzo.
LA FERIA...


Hay rituales que deben cumplirse antes de que desaparezca el sol. Cada quien los asume sin que medie palabra. Unos preparan el engode, una masa amorfa de manjúas y tierra o cangrejos triturados, que tiran al agua antes y durantes la pesca y sirven para atraer las presas; el cocinero alista la comida; el patrón recorre -por radio- "emplazamientos" vecinos... todos revisan las artes... hasta que llega la hora...
"Ya viene la señora", dijo Rolando Sánchez Curbelo - hermano de Julio- y los ojos le brillaron en medio de la oscuridad. La espera había tardado casi hasta la media noche. Empero, por el este, la ansiada dama vestida de plata trepaba cielo arriba.
En este mundo la luna llena no es asociada con las míticas historias de hombres lobos. Estos cambios son añorados para la corrida. Una suerte de feria en la que se puede o no salir dichoso.
"¡Prepárate!, ahora verás cómo sacamos esos bichos", advierte Francisco Navea Atencio, mientras le engancha un machuelo al anzuelo y lo lanza a las profundidades.
El pargo es goloso y cuando asoma la luna su voracidad crece. Apenas el cordel llega a su territorio sientes el golpe seco que te avisa de la picada. Luego que lo "clavas" puedes calcular hasta el tamaño. La batalla es breve, apenas unos segundos... tal vez minutos.
"La manifestación está buena, hay barcos que topan más que otros... la organización ha sido aceptable", nos adelantó Albertí Díaz antes de partir, quien confesó que cuando hay bastante como ahora "pescamos corrido".
En apenas unas horas de faena la cubierta del Ferro-216 está repleta... unos 600 kilogramos son acopiados antes del amanecer, aunque la jornada anterior fue mejor. La fuerte corriente impidió alcanzar un nivel superior.
Los hay de todos tamaños; mas predomina un rango entre los tres o cinco kilogramos por pieza.
De acuerdo con estimados cada miembro de una tripulación atrapa más de 50 ejemplares como promedio en jornada; ejercicio sumamente agotador que se repite durante unos siete días; pues está prohibido utilizar otra cosa que no sea nylon y anzuelo para esta tarea.
Según Francisco Núñez Naranjo -director de la entidad- una primera etapa, en el mes de abril, no fue buena "pero ahora hubo una superproducción que nos puede llevar a romper el récord histórico de 124 toneladas, extraídas en el 2009".
El directivo dijo que EPINIQ destinó "32 embarcaciones para la pesca y otras dos para los aseguramientos", las que extrajeron 78 toneladas en la luna de mayo (hasta el 31), muy por encima de las 52 que se lograron en igual fase del año precedente.
"En los primeros cinco días de junio cerramos con 82,5 toneladas", expresó Dayron Benítez Vázquez, subdirector de operaciones pesqueras, quien no descartó la posibilidad de aumentar esta cifra "porque todavía tenemos unos barquitos en la zona."
El gran volumen de captura obligó en un momento a detener la operación de pesca por la escasez de hielo para preservar el producto, talón de Aquiles que afecta a la Empresa de manera redundante.
Sin embargo las alternativas no faltaron. "Hasta el 70 por ciento del hielo se trajo en rastra de El Mango, unidad perteneciente a CALISUR, Río Cauto, porque lo que generan nuestras plantas solo nos da para cubrir las necesidades de la industria (INDUNIQ)", aclara Benítez Vázquez.
La afectación precisó, en ocasiones, traer dicho recurso desde Guayabal, Santa Cruz del Sur, Camagüey, y desde Santiago de Cuba.
Pero lo más valioso es que siempre serán hombres con un espíritu altivo y nunca desdeñarán el pacto que los ata al mar... siempre al mar... aunque el salitre amargue la piel... aunque la vida en otras partes sea más placentera.
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