Este problema no es nuevo y acaso el presente enfoque tampoco lo sea, pero pone un punto rojo sobre un tema que mientras exista requiere tratamiento a nivel de familia y su amplificación en el ámbito social.
Como ella, no entiendo cómo algunas mujeres embarazadas o paridas, personas mayores o enfermas chocan con la falta de solidaridad de algunos sanos y fuertes que parecen tener una venda sobre los ojos cuando les conviene.
Por lo general el cubano es atento, solÃcito con cualquier individuo a quien pudiese brindar su ayuda, entonces cómo es posible que en la parada de un ómnibus, dentro de ese propio vehÃculo o en una cola cualquiera esas personas vulnerables se vuelvan incorpóreas, cuando remedando al Principito de Saint Exupery, lo esencial es invisible a los ojos y este caso lo primordial serÃa prestar la asistencia desinteresada y oportuna.
Institucionalmente, por ejemplo en las guaguas de transporte público, tanto urbano como intermunicipal hay algunos asientos destinados a embarazadas o personas con discapacidad y eso no deja de ser loable pues viabiliza el bienestar de ese segmento poblacional.
Pero la medida en sà pudiera tornarse contraproducente, pues entonces hay quienes alegan: "bueno si ya esos asientos están ocupados no debo ceder el mÃo ¡craso error!
Esa medida de señalar puestos, por el contrario, debe reforzarnos el deber social de ofrecer nuestra comodidad a quien lo necesite sin más miramientos. Son vituperables aquellos que en pleno goce de facultades fÃsicas y mentales se encaprichan con "aprenderse el techo del ómnibus o asimilar de memoria la tipografÃa de un periódico con tal de no percatarse de la viejita llena de paquetes que se bambolea a su lado con cada bache o curva del camino y curioso: ¡Algunas damas sà se dan cuenta!.
Por suerte no todos somos asà y nunca debemos perder la hidalguÃa, aun cuando algunas beneficiarias al levantarse le proporcionen el asiento a otra gente, quedar bien con uno mismo es la mejor recompensa a despecho de ser tomados como extraterrestres; lo mejor de todo es que todavÃa somos más quienes socorremos al prójimo que los egoÃstas; pero el trabajo educativo ha de ser incesante para que las proporciones cambien solo para bien.
Un señor de edad, por cierto familiar de Isandra, expresaba que las obras culturales crecen, pero la cultura y la educación formal se atrasan y tiene mucha razón en parte, aunque eso no es asà al ciento por ciento, eso mismo nos debe alertar y propiciar no dejar caer la labor educativa en pos de elevar los valores morales que podamos haber perdido.
Ciertamente por mucho que los maestros se esfuercen no podemos olvidar que el hogar es el aula inicial del hombre y allà está la génesis de una buena o mala actuación social. ¡No lo olvidemos!
ArtÃculos más recientes:
ArtÃculos menos recientes:
- 29/06/2010 01:52- Arte, cultura, turismo...
- 21/06/2010 12:24- Género y número
- 28/05/2010 11:23- Mantengamos la ciudad reluciente
- 28/05/2010 11:40- Promoción en vivo
- 23/03/2010 02:35- Corazón y luz fecunda







Comentarios