No era de dudar. Helicópteros, aviones, barcos... tal pareciera que Haità fuera el último paÃs terrorista sobre la faz de la Tierra. En tales artefactos alados arribaron los primeros marines yanquis a suelo caribeño "para evaluar la situación allÃ". De esto hace par de semanas.
El pretexto, según las propias agencias de prensa: "estudiar la distribución organizada de ayudas".
¿Es que acaso los Estados Unidos se abrogan el derecho de controlar, supervisar y otear todo cuanto aparezca en el horizonte, en este caso, haitiano?
El Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) aprobó el envÃo, hace poco más de una semana, de tres mil 500 soldados y policÃas adicionales a Haità "para mantener el orden y proteger la distribución de ayuda humanitaria tras el sismo".
Estados Unidos, no obstante, aspira a depositar en suelo haitiano no menos de 10 mil marines... algo asà como el remedo del Afganistán caribeño...
Diversos mandatarios de la región, entre ellos el venezolano, Hugo Chávez, han criticado tal polÃtica y esgrimido el argumento de que lo requerido en esa nación son médicos, socorristas y ayuda humanitaria de todo tipo... No soldados.
Marines entrevistados por diversas televisoras que reportan desde Puerto PrÃncipe, incluida la cubana, han declarado se hallan allà para mantener el orden y el armamento es "para su protección". Pero el pollo del arroz, aún sin aflorar a la luz pública, es ¿qué hay detrás?
Entendidos especulan que tal vez los EE.UU. desean abrir nuevos espacios en la región (léase bases militares) para "calzar" su hegemonÃa imperial.
Como dijera la agencia alemana DPA: "La realidad ha alcanzado a Barack Obama y el quehacer diario lo ha maniatado. Hasta sus rasgos faciales han cambiado".
Lo cierto es que el famoso y cacareado "Yes, we can" se torna socorrido "slogan". El imperio trata de abrir nuevas brechas "a como sea". La tragedia haitiana no es excepción.
En ese empeño, el sufrido, dañado y carencial HaitÃ, deviene materia prima especial para los empeños del Norte.
En contraposición, las naciones integrantes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América se convocaron para materializar, con hechos tangibles, la verdadera ayuda que requieren los hermanos haitianos para paliar, en alguna medida, la difÃcil situación por la cual atraviesan.
Si las armas se trocaran por alimentos, medicinas u otros medios emergentes de vida, otro gallo cantarÃa. La famosa y cacareada ayuda estadounidense lejos de representar tal, simplemente persigue entorpecer y crear trabas hacia aquellas naciones que, desinteresada y humanitariamente, sencillamente se ofrecen ante la tragedia.
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